La riqueza paisajística del lugar, la espectacularidad del agrupamiento
del ganado, es aprovechado para atraer a un gran número de familias
que suelen aprovechar para pasar un día en plena naturaleza, amenizado
con una comida campestre a base de empanadas y vinos de la tierra.
Aparte de las magníficas vistas panorámicas desde la cumbre del
Acibal, todo su entorno nos evoca una serie de cultos ancestrales
y paganos practicados por los antepasados.
El primer paso es ir agrupandolos y dirigiéndolos a una zona denominada
"O Pastizal", extenso prado llano y cercado, acondicionado para
estos menesteres, donde un gran número de público se agrupa para,
una vez reunidas todas las reses, ver cómo se les corta las crines
a las yeguas, se venden y se marcan los potros para luego volver
a soltarlos a su medio salvaje hasta el próximo año.
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