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Santuario de Nosa Señora da Guía Exteriormente
presenta una fachada ocupada por una portada decorada con pilastras clásicas,
cuya estructura hace que hablemos de una fachada-retablo. Sobre ella, un frontón
con volutas inversas en los extremos, que se rematan con pináculos de bolas. Sobre
el frontón hay un campanario de sencilla estructura, con un primer cuerpo donde
van las campanas, y rematado con un cuerpo donde se sitúa la cruz. Los ábsides
son rectangulares y con ventanales cuadrados, que en el interior están tapiados
por retablos. La cubierta es una falsa bóveda, dividida en tres tramos. En su
interior destaca el retablo, que representa en su parte central la Huida a Egipto.
Santuario de Nosa Señora de Val do Poulo Enclavado
en el monte, sin terminar, es barroco. En el exterior destaca el doble cimborrio,
anterior y posterior, ambos octogonales y rematados en linterna. En el interior
destaca la la cubierta, de cúpula, totalmente lisa y apenas decorada. Lo más destacado
es el retablo, labrado en piedra. Tiene tres calles y tres cuerpos, coronados
por una hornacina que alberga una imagen del Espíritu Santo. Presidiéndolo todo
se encuentra la imagen de Nosa señora do Val. En sus alrededores hay una posada
abandonada que antiguamente era donde descansaban los peregrinos que iban a Santiago
haciendo el camino Porto-Celanova-Santiago. Peto
de Ánimas de Dornelas Sobre basa rematado en cornisa, descansa
el cuerpo principal del monumento en el que se practica una hornacina de medio
punto; sirve de coronamiento una cornisa sobre la que asientan pináculos piramidales,
mientras que la cruz central aparece descuidadamente colocada al lado del monumento,
en ella figura una inscripción informando sobre el donante de la obra. La hornacina
contiene un medio relieve en piedra, representando a San Francisco inclinado hacia
las ánimas, entre las que figuran un monje y un obispo. Conserva restos de policromía.
Peto de Ánimas de Matamá
Presenta hornacina de arco sobre repisa y dos barrotes protegiéndolos.
En el interior del nicho un retablo en alto relieve revela su popular fractura,
acrecentada por las vivas tintas con que aparece pintado; ocupan la zona superior
del mismo la Virgen del Carmen con el Niño portando escapularios y San Francisco
con la cruz y un largo cordón, con el que ayuda a incorporarse a las ánimas, entre
las que destacan un obispo y un papa. La inscripción del año 1897, grabada sobre
la puerta exterior del edificio sirve para datar la cronología al peto. |